lunes, 16 de mayo de 2011

COMIDA CEL 4G MAYO 2011

Muchos iluminados de la generación CEL 4G se reunieron el 14 de mayo de éste año en la residencia de Cuquín para celebrar nuevamente las ligas de amistad que inevitablemente nos acompañarán toda nuestra existencia. Aunque no fue posible reunir a más, los asistentes disfrutaron de una tarde sabrosa: comida y bebida, aderezada con recuerdos de cinco décadas.

Algunos de los comentarios al final del evento fueron:

"Nos la pasamos increíble, todo muy rico, muy bien atendidos y super divertidos ¡ Muchas gracias Ana paula y Víctor! Extrañamos a los ausentes, ojalá nos veamos pronto. Un abrazo". Carmen María Echeveste.

"Totalmente de acuerdo con Carmén.. Victor y Ana Paula mil gracias por su hospitalidad... Quien tienen las fotos????". Efrén Schwarz.

NdelaR. Aquí tienes un par, Efrén.


"estoy de acuerdísimo con mi querida carmen. nos la pasamos de lujísimo. muchas gracias ana paula y vic". Juan Pablo Nieto.


La foto ampliada con los cónyuges. ¿Efrén se quedó dormido?

Si alguno quiere abundar en las anécdotas de la reunión pueden escribirlo en forma de comentario al final de ésta entrada o crear una nueva. Al gusto, pues.

miércoles, 4 de mayo de 2011

SLALOM DE BICICLETAS


Lucas recuerda muy bien que a sus 5 años, ya era un experto y temerario piloto de bicicletas, ya que su visionudo padre, el recio Ing. Saint-Martin le obsequió muy a tiempo el velocípedo en cuestión.

Estando en el kinder, fue enterado de que participaría junto con algunos de sus compañeros en una carrera de biciclentas contra la escuela hermana que acababa de ser fundada en el estado de México. Aquí cabe aclarar que en ese tiempo, Lucas formaba parte de la población de la ciudad capital, el Distrito Federal o ciudad de México.

Un sábado, la familia subió el vehículo, niños, canasta de pic-nic con viandas, adultos y al piloto al auto, dirigiéndose al Lago de Guadalupe al sitio de la carrera.

Al llegar, Lucas se encontró en medio de un rancho, repleto de sembradíos, aire libre, sin límites que le constriñeran. Fué colocado en formación típica para niños de 5, todos en bola y háganle como puedan, aconsejado por su padre, pedaleó cuesta abajo en un camino de terracería que terminaba abruptamente en un portón rojo de lámina.

Al recibir la señal, el contingente inició el arranque, pronto Lucas se situó a la cabeza debido a los consejos del recio Ing. Saint-Martin -pedalea fuerte, lo mas fuerte que puedas desde el principio- pronto se despegó del grupo más por la cuesta y falta de frenos que por resultado de sus piernas. El rebote que se hizo cada vez mas brusco alertó a Lucas y sin saber como detener su loca carrera, se limitó a mantenerse sobre el vehículo.

Cruzó la meta en primer sitio cual relámpago y se estrelló contra el portón rojo de lámina como un obús. Después de desincrustar la bicicleta del portón, enderezar la rueda delantera y recoger a Lucas del suelo, los organizadores entregaron el indiscutible primer sitio al intrépido bicinauta.

Fue el primer gran premio logrado por Lucas y el único. ¿El costo? Un diente de leche perdido.

Pero eso, perdió importancia junto al vitoreo. ¡Que linda se ve la vida a los 5! Y Lucas no sabía que al tiempo, esa sería su escuela durante una etapa fundamental. Vaya cosas...

domingo, 30 de enero de 2011

EL RALLY


En 1974, llegó el día en que cumplí 14 años. A pesar de que mi cumpleaños sería en lunes, decidí que quería una fiesta el sábado anterior, el 26. Planeé cuidadosamente los detalles concernientes a la diversión pues la parte de alimentación correspondía a mi hermosísima Madre.

Habría que cuidar detalles desde la llegada de mis amigos y compañeros de la escuela, eran ambos los invitados más importantes: unos de aventuras y diversiones en libertad y los otros, colegas en encierro. La cuestión a resolver más importante era qué hacer para que pasaran un rato agradable y no se aburrieran, que exactamente el lunes cuando sería mi cumpleaños real no se hablara en los pasillos, recreo ni el salón que Luis aburrió mortalemente a todos.

Me devané los sesos analizando las posibilidades hasta que una luz ligera y tenue asomó en el cerebro. Las neuronas daban el resultado correcto al enigma y poco a poco tomó forma la idea central. Formaría parejas que en conjunto resolvieran los planteamientos que les llevaría a la siguiente prueba. Eso era, un rally a pie, con artículos escondidos alrededor de mi casa, en la calle, en los arbustos, entre las piedras y cruzando los terrenos baldíos. Así podría entregar en un sobre cerrado la siguiente pista a resolver mientras se empleaba una buena dosis de astucia, conocimientos y el correr apresurado para emplear el menor tiempo, pues un premio muy codiciado sería entregado a la pareja ganadora.

Faltaba solamente determinar esa zanahoria que llevaría a los invitados a transcurrir emocionados la prueba completa. Después de consultar con mi progenitora y recibir propuestas muy adultas, me concentró en aquello que podría llegar a ser apetecible por mis compañeros y coetáneos.

Pensé y pensé, analicé y volví a pensar. Era indispensable que surgieran propuestas válidas y factibles, pues el tiempo corría y aún no había creado algo sustancioso de pistas y enigmas para el rally. Pero un día inefable en que me ví arrastrado por mi hermosísima Madre al supermercado, encontré la solución: la convencí de adquirir dos ejemplares de "El Principito" que serían entregados a los ganadores. Así pude dedicarme a construir los enigmas asesorado por varios volúmenes de la inseparable enciclopedia "Salvat" y el ingenio necesario para ocultar en los sitios circundantes a la casa los objetos que cada equipo debía descubrir. Escribí los mensajes que encerré en sobres solicitados a mi Padre, el recio ingeniero Saint-Martin.

Y con todo lo necesario creado, colocado y escondido, llegó el día esperado. Las parejas fueron formadas, los primeros sobres cerrados y engomados, entregados. De dos en dos, salieron corriendo en todas direcciones hasta concluir el evento. ¿Quien ganó? Ya no lo recuerdao pero ni falta que hace, pues la respuesta sigue viva en mi mente.

TODOS. Todos se divirtieron horrores y durante la semana el tema central en la escuela fué lo bien que la pasaron durante el decimocuarto aniversario de Luis.

Bien hecho Luis, bien hecho.

viernes, 14 de enero de 2011

BIENVENIDA


Como administrador del blog, me dio mucho gusto recibir la solicitud de registro como escritores de Carmen Echeveste y Carlos Zenteno. Carlos se ligará en su momento pero Carmen lo hizo ipso-facto (voz latina que significa "en el acto"), lo que la convirtió en la tercera persona en subir un artículo en nuestro espacio común, pero la primera mujer en hacerlo.

Espero Carmen, tengas el ánimo de escribir constantemente y brindarnos la oportunidad de ver al CEL al través de tus vivencias y punto de vista.

Felicidades.

El sacrificio de los conejos

¿ Quién no recuerda las polvosas caminatas al rancho y los laboratorios que en el teníamos? Realmente era el mejor lugar para llevar a cabo prácticas de biología; si lo que se necesitaba eran huevos- de gallina- para analizar los embriones, corríamos a proveernos al gallinero, lo que representaba una inexplicable pérdida en la productividad del mismo para el pelirrojo Hno. Silvestre. Si lo que se requerían era estudiar la metamorfosis, teníamos el río lleno de ajolotes a la mano; con la diversión que implicaba la fabricación de redes y las remojadas obligadas. Había todo tipo de arácnidos, insectos, mariposas, helechos, hongos, musgos… en fin, un paraíso de especímenes y muestras.

En ese laboratorio inauguramos nosotros,“ El Biólogo”( Profesor Mario Rebolledo, que inició su docencia el CEL el mismo año en el que nosotros ingresamos a bachillerato y que después sería nuestro padrino de generación) y Don Angel lo que serían las prácticas que llevaríamos a cabo a través de el bachillerato.

Corría aquel año de 1973 ( éramos todos unos tiernos infantes) cuando “ El Biólogo “ nos pidió que lleváramos un conejo por equipo para la siguiente práctica, pues íbamos a estudiar todos los órganos internos del gazapo. ¡ Qué lejos estábamos todos de imaginar lo que el destino tenía preparado para los pobres animalitos! El fatídico día llegó y hasta el rancho viajaron en costales, brazos y mochilas 8 preciosos conejitos de diferentes colores y razas, tiernos, peludos y suaves. Lo que nos esperaba al entrar al laboratorio era terrorífico, bisturís, pinzas, algodón, cloroformo…

-Bueno, por equipos, pongan a su conejo en la mesa, viertan cloroformo en el algodón y procedan a abrir su abdomen y…

-¡Queee!! Resonó un grito general ¿Vamos a abrir a los conejos????

- ¿Y después los vamos a coser? Nooo?? ¿Se van a morir?? No!! Pobres conejitos!!

Todos estábamos consternados, muchos con lágrimas en los ojos. Laura Mérigo abrazaba a su peludo animalito y le cantaba canciones de cuna. Nadie lo podía creer pero no quedó mas remedio que seguir las instrucciones, había que abrirlos, seguir aplicándoles cloroformo para ver como latía su corazoncito, dibujar sus órganos, en fin, toda una cadena de horrores.

El grupo puso manos a la obra-la mayoría quería hacerse cargo del asunto del cloroformo, solo los más valientes fueron los que se atrevieron a actuar de cirujanos- cuando nos dimos cuenta de que nuestro equipo en vez de un conejito tenía dos. Fernando Abogado había llevado uno y Laura otro. El de Fernando, un precioso y esponjado conejito de orejas caídas que pronto habitaría en los campos del cielo, perdió el volado. El conejo indultado regresó rápidamente a la mochila- por aquello de las confusiones y los cambios de opinión- de la que asomaban discretamente sus orejitas. Fernando palideció y entregó valientemente a su animalito, negándose a participar en el sacrificio.

Procedimos según las instrucciones, dormimos al animalito, no recuerdo quién fue el valiente que se encargó de la disección. Laura, Amparo y yo poníamos el algodón con cloroformo en el hocico del animalito, Fernando observaba desde la orilla. Todo iba desarrollándose según lo previsto y de pronto… el conejo se empezó a mover por la mesa, abierto y con las tripas al aire!!

--Aayyy!!!

--Profesor!!! El conejo!!! Está vivo!! ¡Le duele!!

--¡ Pónganle más cloroformo! resonó la voz de Don Mario Rebolledo a través del laboratorio.

Rápidamente empapamos el algodón, estábamos listas para volver a dormir al despanzurrado conejito cuando fuimos interrumpidas por un estruendo metálico de bancos derrumbándose al lado nuestro al mismo tiempo que Fernando, afectado por el espectáculo de su conejito o por el cloroformo, o por ambos, desaparecía súbitamente de nuestra vista.

-¡ Se desmayó!- gritó alguien

-¿Su conejo?- preguntó el típico despistado

-No! Fue Abogado!! Profe!!

Rápida y eficientemente llegaron al lugar el profesor y Don Ángel, con su respectivo algodón esta vez empapado de alcohol.

-¿ Le pusieron cloroformo? –preguntaron

-¿ Al conejo o a Fernando?

-¡Por supuesto que al conejo!! ¿Qué hacen todos aquí amontonados? Regresen a trabajar!!

A esas alturas nadie se acordaba ya de sus conejos, por lo que algunos de lo pobres bichos empezaron a retorcerse en sus lugares. Finalmente Fernando se reincorporó, con su algodoncito de alcohol en la frente, pálido pero repuesto. Todos regresamos a nuestro lugar y se procedió a dar una dosis letal de cloroformo a las víctimas; a nadie le importaba ya si el corazoncito latía o no. La caminata de regreso calmó nuestros ánimos y, desde entonces, solo estudiamos a las ranas.

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miércoles, 5 de enero de 2011

MARATÓN A TODA VELOCIDAD


Lucas siendo niño experimentó el primer cambio radical en su vida ya que su padre terminó de construir su casa en las afueras de la ciudad de México, en la zona norte. De vivir en la confluencia de dos arterias vitales y cargadas de tráfico y ruido, ahora pasa las noches en un silencio campirano y desconocido.

Igualmente, el ambiente escolar fué modificado radicalmente, ya que antes acudía a una escuela de asfalto y paredes, llegando ahora a un espacio abierto en el campo, a la mitad de sembradíos y animales de granja. Justo el espacio que un organismo nuevo y con altísimo contenido energético, necesitaba.

Y en ese ambiente durante la primera semana de clases, llevaron a todo su grupo escolar a la clase de educación física, el maestro, un chaparrito botijón y mofletudo, con gorra y silbato en la boca, organiza una carrera de maratón para individuos de 8 años. Señala a lo lejos, atravesando un campo arado y listo para recibir la siembre, una torre de alta tensión. "Esa es la meta, deben llegar, tocarla y regresar conmigo. El ganador recibirá un premio".

Y debido que a Lucas siempre le ha gustado correr y correr, decidió en ese momento que sería el ganador. Al pitazo del atlético panzón, todos los chavitos corrieron según su propio entender, ya que el oblongo preparador físico no les explicó ninguna estrategia de carrera. Lucas decidió una manera muy simple de correr: fijó en su vista la torre de alta tensión, midió la distancia y echó a correr como cuando su hermosísima madre lo persigue por travieso.

Sin volver la vista atrás, corrió y corrió, brincando surcos, evitando terrones, alzando los pies para no tropezar por lo irregular del terreno, toca la torre. Inicia la vuelta con la misma estrategia pero apretando el paso.

Al llegar al sitio donde esperaba el chaparrito ombligudo, lo encontró dormitando por lo que llegó con poco resuello, gritando y empujándolo, lo que provocó un salto francamente imposible para tan pesado individuo. "Ya, gané, gané". el sorprendido maestro, agitando su voluminosa cintura, trató de enfocar al resto de la clase, encontrándola algunos de regreso, otros por tocar la torre.

Enojado, sin saber si fué por el susto o por verse descubierto dormitando, dictamina que Lucas hizo trampa, nadie podría correr tan rápido hasta la torre y regresar mientras el resto no había concluído la prueba. Lucas es descalificado por la gracia del poder superior, sin derecho a juicio justo, sin apelación ni réplica.

Ese día, nació y murió un maratonista mexicano al mismo tiempo. Nunca fué recuperado.

Nota: Recuerden que Lucas es el personaje que creé para relatar mis andanzas por la vida.